Poza de la Sal
Ya había hablado en otra ocasión del mágico pueblo burgalés de Poza de la Sal. Había quedado tan encantada con sus calles, con sus construcciones, pensando en la infancia de Félix ¡con el mítico páramo!, que decidí volver. Un viaje muy corto, pero intenso como siempre son las vivencias que uno puede experimentar en este sitio natural, a la vez acogedor y salvaje, pues el páramo invita a subirlo sintiendo a veces fascinación pero también ese miedo para el hombre de ciudad que significa encontrarse con lo silvestre en su estado más puro y con los parajes más solitarios y azotados por un viento que parece no tener clemencia. La fiera mítica habita en estas tierras desoladas: ¡el lobo!. He podido escuchar su aullido no muy lejano. Un escalofrío de emoción recorrió todo mi cuerpo.
Me despedí al día siguiente: ¡Hasta pronto Poza, esperemos verte pronto otra vez! ¡Hasta pronto Félix, sé que nunca te has ido!
Volveré pronto a contar más cosas sobre esta fascinante villa de Poza, por ahora esto es todo. Aquí algunas fotos:
Por la Bureba
Charly, al igual que su dueña es un pozano de corazón
Este curioso zorro se acercó bastante y amablemente me dejó hacerle un par de fotos ¡con lo difícil que es encontrarse animales salvajes tan cercanos!
Poza al inicio de la primavera, vista desde el castillo
El páramo es el monumento natural que te formó y que ahora, cual guardián, sustenta tu monumento






