El Edén perdido, reflexiones de Félix
"EL EDÉN PERDIDO", reflexiones de Félix...
Qué preocupado estaba yo y qué triste también, al llevar a mi nutria de las tierras remotas, salvajes y libres a mi mundo, al mundo de los hombres civilizados.
Y cuánto echaba yo de menos el mundo de los hombres llamados salvajes ¿Quiénes están en posesión de la verdad? ¿Ellos o nosotros?

Estábamos en la civilización, habíamos vuelto a Europa, concretamente a España, a Madrid. Los recuerdos de la selva, los recuerdos de la vida en libertad quedaban muy lejos. Estábamos entre la gente. ¡Estábamos entre la civilización floreciente, progresista, orgullosa! Estábamos en la contaminación, en el cansancio, en la degradación...
Muy lejos había quedado la paz, los pueblos llamados salvajes. En nuestra mente y estoy seguro de que también en la mente de las nutrias que me acompañan en este viaje hay un recuerdo imperecedero. El recuerdo de la libertad. El recuerdo de los paisajes infinitos. El recuerdo de los lugares quietos, primigenios en donde pasamos la mejor parte de nuestra vida.
La selva lejana, remota, silenciosa. La patria de las nutrias, quizá también la patria ancestral del hombre.
" 
¿Cómo podía hacer feliz a nuestras nutrias del remoto Orinoco en el parque zoológico? Dándoles agua y juego. Que de alguna manera puedan vivir como vivieron en su ancestral Edén Perdido.
Al Zoológico de Madrid, aquí hemos traído a las nutrias para que no sean muertas y desolladas por los peleteros para que sus pieles palpitantes y vivas adornen los hombros de algunas hembras de la especie que se llama a sí misma SAPIENS y que además se llama a sí misma "civilizada".
"El yanomamo es uno de los pocos pueblos verdaderamente libres que quedan en el mundo actual. Es un pueblo que prácticamente no ha evolucionado nada desde hace 10.000 años. Depende para todo de la selva. Es un pueblo que tiene todo cuanto ansiamos y admiramos los que somos prisioneros de la civilización.
Mi mensaje sería uno: respeto y admiración. Y un esfuerzo de todos para los que tienen la aventura de vivir todavía en un paraíso, de no haber modificado las leyes ecológicas del hábitat que les soporta; puedan seguir viviendo así durante muchos años".
"Diariamente las mujeres, los niños, los guerreros, incluso el chamán del poblado se entregan a los juegos interminables, a los gritos, al placer de sentir sus cuerpos acariciados por las aguas del Orinoco. A los que presumimos de nuestro grado de civilización y de cultura. A los que tenemos que esperar el fin de semana o los quince días de veraneo para hacer lo que hacen los waikas durante toda su vida nos asombra y en cierto modo nos dejan perplejos los derroteros de nuestra progresista e incomprensible civilización cuando uno conoce a los verdaderos hombres primitivos".
"La selva le da al indio todo cuanto precisa y el indio no roba nada a la selva. Está adaptado ecológicamente y esto es la gran lección que nos gustaría extraer de nuestra expedición.
Cuando el hombre no degrada la naturaleza, cuando el hombre se adapta a las leyes de la naturaleza, el hombre es feliz, altivo".
"Una cultura perfecta cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. La más depurada artesanía, la del hombre que trabaja alegremente, que no hace nada diríamos que a la fuerza porque a la naturaleza le pide y le da lo que debe dar".
"Aquí todo es paz, aquí estamos en el paraíso, estamos separados de la lejana civilización, de la contaminación, de la polución, del estrés, de la lucha despiadada del hombre que se llama a sí mismo civilizado, por muchos miles de kilómetros.
Sin embargo, en la paz de los waikas, en la paz eterna tememos que también para el waika la civilización esté demasiado cerca. Tememos que los muros de la selva no puedan cerrar las puertas herméticas de su paraíso.
Pedimos desde aquí, desde el poblado perdido en la selva desde el lejano paleolítico a quien pueda evitarlo que el pueblo waika no sea degradado, que no sea transculturado , que no reciba mensajes culturales ni civilizados que no necesita para nada".






